Todos estamos expuestos a ser engañados, porque todos somos vulnerables. Incluso, a veces, parece que lo busquemos. Y cuando caemos, nos regocijamos en el fango del futuro dolor. Pero somos gallitos, orgullosos, cabezones..., y aunque nos avisen, no creemos posible meternos en ese cuerpo de otro, del que se deja engañar. A nosotros, no. No nos puede pasar.
Si caigo es porque quiero caer.
El caer, en realidad, es la única manera de conocer qué narices hay allá abajo, en el fondo del alma. Es lastimoso irse de aquí sin conocerlo. Unas veces vas a buscarlo, con indicaciones y plano que te prestan los caídos anteriormente, pero agarrándote del brazo para que no vayas, obvia y curiosamente. Esas veces, la mayoría de nosotros no lo encontramos. Es cuando vas pensando en cualquier otra cosa y no miras al suelo, creyendo que pisas seguro. Ahí es cuando te precipitas. Y te rompes todo, porque todo es el alma. Y el alma es todo.
No te culpo, porque me avisaste de dónde se hallaba el agujero, pero me lo dijiste tarde, cuando, creyendo que siempre podría echar un pasito atrás en el último momento, noté tu cariño nunca sentido antes por mí, ni juro por mis hijos que por nadie más, y caí. De eso no eres responsable. Porque mi historia anterior indicaba que, tarde o temprano, iba a necesitar descubrir el auténtico secreto de la vida. Porque me lo merecía. Soy humano, buena gente, y merezco sentir realmente la esencia de la vida.
No, no te culpo por eso.
Pero me utilizaste, desde el primer momento. Y ahí, sí me engañaste, porque me dijiste que nunca lo harías, amparando el acto en nuestra sincera, especial amistad.
Ya no me importa es principio del todo. ¡Qué más da!. No lo recuerdas. Simpre te dije que tienes memoria selectiva. Y no sé si es una coraza protectora para evitarte más dolor o uno de los efectos secundarios que producen tu contradictorio egoísmo. Eres capaz de darlo todo. Y también de quitar más aún.
Eres una cazadora. Y siempre lo serás.
Y, a la vez, la pantera más portentosa, encerrada en la más minúscula jaula de pájaros que puedas encontrar.
Eres única.
Te odio. Pero te amo tanto, tanto, que aquí, en este rinconcito secreto, te pido que aceptes el perdón que te otorgo. Porque tampoco mereces que me vaya sin dártelo.

Escribe un comentario