Ayer y hoy
Al despertar, esta mañana, me he dado cuenta de que seguía vivo, y he tenido que ponerme en marcha, como cada dia, por narices. Hay gente que depende de mí, y no los puedo dejar. Quizá esa dependencia y ese saberme útil alimentan mi esperanza.
O mi vanidad.
O la necesidad de sentirme querido por alguien. Y de querer, yo mismo.
En algún sitio leí que si se juntasen en el cielo suficientes practicantes de paracaidismo y, en caida libre, consiguiesen unir sus manos, formando una enorme superficie de una especie de tela de araña, y así ofrecer gran resistencia al aire que tuviesen bajo sus cuerpos, conseguirían descender lo suficientemente lentos como para no tener que abrir sus paracaídas ni tan siquiera para aterrizar.
Necesitamos establecer vínculos sentimentales para mantenernos en el aire. Si no, caeremos sin remedio. Si no tienes apoyos, lazos familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, si no te sientes querido, si no tienes un amor a quien querer y por quien luchar, si te sueltas, caes.
Ayer, caía. Hoy parece que me mantengo unido a tí.
